LA 'FOGUERA' DE CERDA CUMPLE 400 AÑOS

 

LA “FOGUERA” DE CERDÁ CUMPLE 400 AÑOS

 

Las hogueras votivas

Las hogueras votivas son, presumiblemente, pervivencia de antiguos ritos paganos y fueron utilizadas por la iglesia, desde tiempos antiguos, como elemento auxiliar del culto a los santos, semejante a los cirios y luminarias diversas que simbolizan el ámbito sagrado. En este contexto paralitúrgico la hoguera funciona también como un soporte para los actos festivos nocturnos: a su alrededor se calientan los devotos mientras hablan, comen o bailan y aún en las noches calurosas se hace imprescindible su presencia para iniciar los festejos con que se va a celebrar el acontecimiento religioso ya desde la víspera de la conmemoración propiamente dicha.

Esta tipología o modalidad de hoguera votiva no es, por tanto, un elemento característico de una determinada celebración, ni se atiene a fechas concretas y ni tan siquiera es propia de una región específica. Las encontramos, de un modo u otro, en todos los continentes y en todas las estaciones, con atribuciones más o menos diferenciadas. En la comunidad valenciana son tres las funciones que se les atribuyen: señalar la presencia de un lugar o acto sagrado (ermitas y procesiones), ser motivo y eje de la fiesta (“Fogueres” y “fallas") y honrar a determinados santos, especialmente mártires y anacoretas.

Entre los santos a los que se les dedica hogueras, es el anacoreta San Antonio Abad el más conocido, hasta tal punto que el elemento "foguera" –también denominado “luminaria” - se llega a identificar con la fiesta y más concretamente con la víspera de la misma -el 16 de enero- que es cuando se quema al anochecer. De este modo se iluminan los cielos de más de cien municipios, sólo con ceñirnos a la diócesis de Valencia, el mencionado día 16 y los sábados restantes del mes de enero.

Pero aún dentro de esta modalidad o carácter votivo, no todas las piras queman idéntico combustible, ni siguen una técnica constructiva específica, ni adoptan las mismas estructuras y formas; tenemos las que se reducen a simples montones de arbustos, ramas y hasta diversos objetos inservibles de madera, las preparadas con “troncas” (base del tronco y raíces] de los pinos, aquellas que adoptan formas de “cabañas” cónicas en cuyo interior se dramatiza la "quema" del personaje que simboliza al santo anacoreta y, finalmente, las hogueras macizas con estructura de forma cónica, como las de Canals y Cerdá, que sirven de prototipo en buena parte de la provincia de Valencia.

 

La parroquia de Cerdá

Al tiempo de la conquista de Valencia por Jaime l, Cerdá —entonces presumiblemente denominada Ferrán- era, como la mayor parte de los núcleos urbanos de la Costera, una alquería musulmana en la que habitaban unas veinte familias dedicadas a la agricultura y que, gracias a la legislación tolerante del nuevo reino y al favor de los señores o barones territoriales, pudieron seguir manteniendo su lengua, leyes y costumbres, conviviendo pacíficamente con las escasas familias cristianas establecidas en el lugar para preservar los derechos dominicales. Esta convivencia salto por los aires tras la sublevación de los menestrales valencianos en 1519, conocida como las Germanías. En esta comarca, tan estrechamente vinculada a la ciudad de Sativa, los enfrentamientos entre "agermanats" (menestrales) y las tropas del rey [formadas por los señores con sus mesnadas de súbditos), fueron largos y feroces y en el transcurso de la contienda la población mudéjar sufrió diversos episodios de acosos y ataques, siendo frecuentes los bautizos colectivos y forzosos de la población musulmana.

Finalizado el enfrentamiento se llevo a cabo una dura represión de los agermanados; pero no hubo una "vuelta atrás” para la población forzada a la conversión. La repercusión de esta decisión —refrendada por un grupo de teólogos- de considerar validos los bautismos realizados en tan dudosas condiciones y por lo tanto concederles el estatus de "cristianos nuevos" (vulgarmente moriscos), no es un caso demasiado sorprendente a tenor del espíritu totalitario dominante en aquellos tiempos.

Consecuentemente con el súbito aumento de la población “cristiana", se diseñó y creo una completa red de nuevas parroquias con el fin de procurar el adoctrinamiento de la abundante población musulmana dispersa por el ámbito rural y se crearon, a tal efecto, las conocidas como “parroquias de moriscos" sin que se llegaran a planificar, de momento, los distintos servicios necesarios para llevar a cabo tan trascendental renovación.

De este modo las citadas parroquias, erigidas entre 1534 y 1536 (la de Cerda es de febrero del 1535) y encomendadas a los barones locales, carecían en ocasiones incluso de sacerdote y la conversión era tan solo de derecho, virtual y fingida. Es, por tanto, impensable que se pudiera celebrar fiesta alguna de carácter cristiano en esta situación, ni tan siquiera cuando cuarenta años mas tarde se dio una remodelación y se doto económicamente las nuevas creaciones; circunstancia que tampoco llego a generar cambio alguno en cuanto a las motivaciones y creencias de tipo religioso.

Fue, en 1609, a consecuencia de la expulsión generalizada de estos moros, convertidos por ley en cristianos nuevos, cuando las parroquias pugnaron por llevar el control de las nuevas comunidades que iban surgiendo a lo largo y ancho de la geografía valenciana. Esta expulsión, decretada en 22 de septiembre de 1609 y llevada a cabo, por mar, en los meses siguientes, trajo la despoblación e hizo no solo hizo perder las cosechas del año 1610, sino que además amenazo con dejar yermos los campos, con el consiguiente empobrecimiento de los señores de los lugares de moriscos e hizo peligrar el cobro de los censales con los que los barones se habían endeudado, con la consiguiente ruina de censalistas y conventos.

También las arcas reales eran sensibles a esta falta de brazos que impedía recobrar el ciclo anual de las cosechas y, en definitiva, los seculares rendimientos agrarios. De ahí que el Rey instara muy pronto al inicio del proceso de repoblación con cristianos de Xàtiva y demás ciudades y villas cristianas de las cercanías.

Los nuevos repobladores acudieron a Cerda ante el anuncio de D José Cerdá de ofrecerles en enfiteusis unas tierras de cultivo que podían considerarse como propias. No obstante el interés de los señores locales por recuperar su nivel de vida anterior a la expulsión y el deseo de mantener un nivel impositivo semejante al que habían mantenido sobre los expulsados, dificulto y retraso el momento del establecimiento legal de los nuevos pobladores mediante la firma de una "Carta de población" que, en este caso no se ha podido —por ahora- localizar.

 

Los primeros pobladores cristianos

La falta de los “Quinque libri" de estos primeros momentos, nos impide rastrear el nacimiento y fijación de esta nueva comunidad cristiana, que muy pronto tendría una atención religiosa dentro de un marco jurídico-administrativo nuevo. De los estudios comparativos realizados en el contexto de las parroquias cercanas, se puede deducir que la parroquia pudo tener ya su párroco servidor desde el verano de 1610 y que la carta de población fue obra de D. José Cerdá (posiblemente de su tutor) y no se firmo hasta bien entrado el año 1611, en consonancia con la repoblación de otros lugares cercanos cuyas cartas son de este verano: Rotglà (26 de junio), La Granja (6 de julio), Corbera (12 de julio), Vallés (16 de julio), Anahuir (9 de agosto) …

Este último ano debió finalizar con una población que no superaría las 20 familias y un centenar de vecinos, los cuales por su condición de "cristianos viejos" no solo acudirían voluntaria y devotamente a los servicios litúrgicos, sino que estaban en disposición de celebrar las fiestas del calendario religioso y entre ellas las de su santo Patrón, con unos actos —c0m0 la formación de la hoguera- que ya debían conocer a partir de las formulas y modelos utilizados en Canals y Xàtiva, de cuyas parroquias procedían en un alto porcentaje.

Si en 1611 se constituyeron y formalizaron buena parte de los municipios valencianos y así se esta celebrando en estos momentos, con mayor o menor fastuosidad, el cuarto centenario, no es nada extraño el suponer que a principios de 1612 la comunidad cristiana de Cerda ya quemara el primer montón de leña a las puertas de la mezquita, convertida ahora en templo y ocupando el espacio contiguo a la casa señorial o palacio.

 

El emplazamiento de la “foguera".

Durante siglos la costumbre no solo perduro, sino que fue tomando mas importancia, hasta llegar el momento —ya en el siglo XX- en el que la hoguera se había convertido, por su volumen, en un peligro para las fachadas próximas y, especialmente, para los arboles que habían crecido a la puerta de la redificada iglesia, alguno de los cuales llego a arder si tenemos en cuenta el testimonio de las personas mayores.

En la segunda mitad del siglo XX es cuando la hoguera, que ya había adoptado la forma de cono macizo, formado a base de ramaje y pinos, tuvo necesidad de trasladarse a la amplia plaza de la Bandera de España (de hecho la plaza mayor), donde se edificaría hacia 1975 el actual ayuntamiento. A partir de este cambio aumentaría decididamente de volumen, al tiempo que perfeccionaba y embellecía su estructura, hasta el punto de llegar a ser confundida -existe el testimonio grafico- con la vecina y famosa hoguera de Canals.

Valencia, 18 de marzo del 2011

Alfonso Vila Moreno

Doctor en Historia y Cronista Oficial de Cerdá.

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